Historia de la petanca

 

Con una posible antigüedad de 26 siglos, la petanca es un deporte que empezó a jugarse con bolas de piedra. Los griegos y romanos ya jugaban a un juego parecido a la petanca con cantos que posteriormente cambiaron por piedras de río planas y que finalmente acabaron por reemplazarse por piedras redondeadas, tomando la forma actual y final. Los romanos mejoraron las bolas de petanca y se han encontrado muestras de bolas de madera envueltas en hierro con tal de darles más peso.

La diferencia entre las dos “petancas”: los griegos, que ensalzaban la fuerza, tenían piedras de tamaños diferentes que tiraban lo más lejos posible; los romanos se aproximaron a la petanca actual, dando al juego un objetivo al que había que aproximarse con las bolas de petanca.

De los pueblos romanos la petanca se exportó a la Galia. Existe una representación en un ataúd de unas personas jugando al juego de petanca, haciendo gala de las costumbres del difunto y por lo tanto, nos da a entender que la petanca era un juego muy popular.

Las bolas de madera, por las que empezaron cuando la petanca se exportó, fueron claveteadas para hacerlas más pesadas.

A partir de las invasiones bárbaras el juego de petanca empieza a introducirse en el lenguaje, siendo “globurum” la práctica de la petanca y se llamaba “monomaquia” cuando dos adversarios se enfrentaban. Los jugadores eran llamados “bouleurs”.

Posteriormente la petanca se extendió por Alemania e Inglaterra, donde Enrique III tuvo que prohibir jugar a la petanca porque dado al éxito del juego de bolas sus arqueros destinaban más tiempo a jugar a la petanca que a practicar tiro con arco.

En el siglo XIV Carlos IV y Carlos V prohíben el juego por decretos y ordenanzas y no es hasta el siglo XVII con Enrique de Turenne que no se levanta la prohibición de la petanca.

Es aquí cuando empieza una gran rivalidad entre naciones: el Papa Julio II quiso hacer de la Santa Sede la primera potencia italiana así que movilizó a los mejores jugadores de petanca de su estado para hacer una acérrima competencia a los franceses, venecianos y españoles, también seducidos por el juego de la petanca.

Con las guerras franco-italianas la petanca empieza a arraigar mucho más en Francia y ilustrados como Rabelais dan cuenta de que el deporte de la petanca es bueno para la salud de las personas de todas las edades.

Con los años surgen juegos análogos a la petanca, como los bolos, el palet bretón, el bowling o la petanca sobre hielo y hasta inspira un poema de Furetiére llamado “Juego de bolas de procuradores” y un cuadro de Meissonnier. Balzac introduce la petanca en sus obras y describe la práctica del deporte de la petanca como hoy lo conocemos: con su boliche y haciendo mediciones a punta de bastón.

En una época un poco “oscura” para la petanca y sus análogos, se consiguió en 1629 su prohibición ya que los fabricantes del deporte conocido como “palmas” (antiguo tenis) conspiraron contra ellos. Aún y así, se sigue jugando a la petanca, sobre todo en los monasterios, siendo los monjes los primeros constructores de pistas de petanca cubiertas. Finalmente la prohibición del deporte de bolas se levantó años después.

En Inglaterra, en el siglo XVII juegan a la petanca sobre céspedes llamados “bowling greens”, convertido por los franceses a “bouligrins”.

Normalmente el juego de la petanca siempre fue pacífico, salvo un episodio en 1792 en el cual una partida acabó con 38 muertos y 200 heridos pues utilizaron como bolas las balas de cañón (la pista de petanca se encontraba en un depósito de municiones) cuyas chispas prendieron los barriles de pólvora.

A finales del siglo XIX y principios del XX la petanca es un juego muy popular que juegan personas de todas las edades y cualquier clase social, con la variante de que los jugadores de petanca tomaban carrerilla para lanzar la bolas de petanca.

No es hasta 1907 que no nace el juego de petanca sin carrera, la verdadera petanca (petanque). El nombre proviene del provenzal “Pieds Tanquees” o “pies juntos”. El origen de esta variante definitiva es que un jugador de petanca había sufrido un accidente en el cual perdió la capacidad de andar y, viéndolo consumido, su hermano propuso una partida de petanca sin impulso y en un terreno de petanca menos extenso.

Otra versión dice que Jules Lenoir, que sufría reumatismo (cosa que le impedía moverse) tuvo la idea de permanecer inmóvil en un punto concreto de la pista de petanca.

A partir de entonces se extendió rápidamente. En 1910 se organizó en Ciotat (Marsella) el primer concurso oficial.